lunes, 4 de mayo de 2009

Mi blog no quiere dejar de ser escrito

Stephen King fue mi escritor favorito durante mucho tiempo. De nada servía que gente que sabe de literatura me dijera que, palabras más, palabras menos, lo que escribe es pésimo. A mi, la verdad, me encantaba. Nunca me preocupó que produjera novelas y compilaciones de cuentos como si fuera la labor más sencilla del mundo. La verdad sus historias siempre me parecieron realmente aterradoras, muchos de sus cuentos, bien contados, tienen la misteriosa capacidad de provocar pesadillas. Pero no solamente me gustaba como escritor de terror o suspenso, cuando quería contar una historia mundana lo lograba, siempre con un mayor o menor grado de fantasía.

Son muy pocos los libros que me han hecho llorar o erizar la piel mientras los leo, finalmente la lectura es algo estático y su capacidad de impactarnos depende de su capacidad para absorbernos. Al cine le queda fácil: una canción bien metida en un punto crucial y lista la lágrima. Al teatro también: una actuación poderosa puede movernos las entrañas. Pero los libros son algo diferente, los libros dependen totalmente de nuestra imaginación. Dentro de esos pocos libros que me han movido tanto se encuentran un par de Stephen King, dos de Ayn Rand, Salman Rushdie, Paul Auster, Michael Ende y, por supuesto, El Principito. Textos tan íntimos que sentimos lo que sienten sus personajes, reímos con ellos pero, más importante aún, lloramos con ellos.

No importa que para hacernos llegar esa catarsis deban anunciarla mucho tiempo antes, los libros no nos sorprenden. Se meten bajo nuestra piel y nos remueven, nos agotan y juegan con nosotros. El escritor sabe que el libro va a la velocidad que va el lector, bien podríamos nunca terminar de leer el principito e imaginar que el náufrago desértico vuelve a su hogar en compañía del pequeño rubio. Pero seguimos adelante, después de saber lo que ha conversado con la serpiente y lloramos cuando el principito se despide ¿Por qué? Finalmente de una u otra forma sabemos que va a pasar, el libro lo vienen anunciando todo el tiempo...

Alguna vez me encantaría escribir algo así. Si, es la hora de la vanidad. Digo que me gustaría escribir algo así porque considero que se requiere un tipo especial de persona para lograr algo así. Se requiere de alguien que comprenda lo que ve y que sepa decantarlo hasta lo más básico. Me gustaría ser alguien así... por eso comienzo esta entrada hablando de Stephen King. Me imagino que escribe tantas novelas porque sigue al pie de la letra sus propios consejos "para escribir hay que leer cuatro horas al día y escribir cuatro horas al día, si no se está dispuesto a invertir ese tiempo es mejor no intentarlo" o algo así.

Sigo escribiendo, así no tenga nada que decir, para hacer al menos 10 ó 15 minutos de esas cuatro horas de escritura. A este paso nunca llegaré a ser un gran autor, pero espero, en un futuro cuando mire lo que escribo hoy y lo compare con lo que escriba en ese momento sienta que lo hago mejor... así sea marginalmente y para que nadie sino yo lo lea... un placer privado, que expongo porque supongo que a nadie ha de importarle.

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