martes, 23 de junio de 2009

La entrada más aburrida de todas (no pierda el tiempo, no la lea)

No sé sobre qué quiero escribir hoy. No es la primera vez que me pasa y cuando me pasa suelo irme en direcciones inesperadas. Siempre que algo así sucede lo que termino haciendo es escribiendo un párrafo para invocar ideas que luego desarrollo, es como darme tiempo para pensar. Tal vez por eso es que muchas veces lo que sigue al primer párrafo no tiene nada que ver con lo que había escrito hasta el momento. Por eso, también, es que parece que las primeras líneas fueran solamente divagar y divagar... entretener al lector para que no sé de cuenta de que, en realidad, no está leyendo nada.

Se acabo el primer párrafo, ¿y de ideas? ninguna hasta ahora. Habrá que seguir divagando.

Decía que lo que intento es que el lector no sepa que no está leyendo nada. No creo ser el primero en hacerlo ni creo ser el último. Sin embargo, creo que soy uno de los más interesantes. Finalmente, sigue leyendo esto ¿no? Y, hasta donde veo, no ha aprendido nada de nada. Solamente que tengo poca inspiración y ganas de entretenerlo hasta quien sabe cuando. Tal vez, en lo más profundo de sí espera que esto mejore.

Como cuando uno va a cine a ver la nueva película de moda que todo el mundo le recomendó, no pasa nada. Nada. Nada... pero uno se queda, en un acto, bien de terquedad ("si ya me gasté dos horas esperando, pues me espero otra"), bien de inocencia ("no creo que alguien sea tan cruel de hacerme esperar dos horas para que no pase nada") o de tacañería ("si le metí $10 mil a este bodrio me lo termino de ver porque es mío").

A quienes esperan que esto mejore les tengo malas noticias: no va a mejorar. Cuando llevo cuatro párrafos y nada se me ocurre, es porque nada se me va a ocurrir.

Si las cosas siguen así usted perderá tiempo valioso que podría usar para leer algo de verdad o llamar a un ser querido.

¿Quiere otra pista de que esto no va para ningún lado? Ya llevo tres párrafos seguidos de dos líneas (y uno de una).

A quien no se haya ido solo puedo decirle que admiro su inocencia o que temo su terquedad y tacañería. No le doy las gracias, uno no agradece a alguien que se queda cuando lo hechan ¿o si? Pues yo no, cuando me hechan me dedico a dañar la casa (si... soy bien vengativo) y a refunfuñar. Que quede claro, eso no es una invitación a que vayan a dañar mi casa (porque los dos lectores que tengo saben donde vivo, que miedo...).

Si no quiero que vean la entrada y ya los saqué ¿para que sigo escribiendo? ¿por qué siquiera me tomé la molestia de abrir blogger si no tenía nada interesante que decir? La verdad, honesta y sincera, es que no tengo ni la más remota idea. A veces no sé qué escribir y sale algo interesante. Nunca he sido bueno para planificar, hago las cosas sobre la marcha ya que si planifico termino por no hacer nada. Parálisis de perfección supongo, la misma razón por la cual no puedo dibujar.

Cada vez que tengo una hoja en blanco y ganas de dibujar quiero que salga algo maravilloso y no tengo la paciencia de ajustar el dibujo. Lo mismo me pasa cuando escribo, si no lo hago de un solo empujón, no sale nada. Me quedo eternamente cambiando palabras, reescribiendo párrafos y añadiendo nuevas cosas. Hay, en el escritorio de blogger, unas 7 u 8 entradas en borrador. Se me ocurrió la idea y ya, no quise escribir nada hasta no perfeccionarla. El resultado es evidente, no hay ni perfección ni escrito ni nada.

De ahí mi gusto por improvisar y andar un camino que no sé a donde me lleva, solo sé de dónde salió.

Tal vez por eso cuando escribo lo que sigue al primer párrafo no tiene nada que ver con lo que lo precedía. Siempre que algo así sucede es porque comienzo a escribir para ver si se me ocurre algo, tal y como con esta entrada. Definitivamente no es la primera, ni la última vez que me pasa y por eso escribí un montón de cosas que no esperaba... y, al finalizar la entrada, sigo sin saber sobre qué quiero escribir hoy.

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