jueves, 23 de abril de 2009

Mi blog se siente intrascendente

Hoy no es precisamente un día sin temas para bloggear. David Murcia (hombre controvertido acusado de todos los males recientes de Colombia) está dando sus declaraciones en el Congreso de la República. Los hijos del Presidente siguen dando explicaciones. Los homosexuales no pueden adoptar hijos y el dolar sigue cambiando de precio. Todos temas jugosos para escribir una diatriba o dos y declarar mi blog cerrado por hoy.

Sin embargo, hoy tanto mi blog como yo nos sentimos intrascendentes. O tal vez más trascendentes de la cuenta y nos negamos a hablar de noticias. Para eso hay otros dos millones de blogs que lo hacen mucho mejor. El tema del día de hoy llega, curiosamente, gracias a una columna de El Espectador: los premios Ig Nobel.

No voy a ser redundante al explicar por enésima vez su historia. El lector interesado puede remitirse a El Espectador o a la página de Investigación Improbable y hacer su tarea. Yo me limitaré a discutir algunas cosas que me llaman la atención, cosas sueltas, no una disertación amplia sobre el asunto.

Varias cosas me llaman la atención de los premios. La primera es que los premios se pueden separar en dos grupos grandes: las investigaciones de verdad que son irrisorias (evitar morir para tener beneficios fiscales, por ejemplo) y los premios a las estupideces que cometen algunos iluminados (¿Alguien recuerda el código de la Biblia?). Personalmente, consideraría un honor ser llamado a recibir un premio de estos en la primera categoría. Hay investigaciones realmente interesantes que son realmente inútiles (¿Existe alguna aplicación práctica en saber que el pan siempre cae del lado de la mermelada?) y nunca está de más que alguien se tome la molestia de reconocer este tipo de trabajos.

Creo también que es importante premiar las estupideces. No solo por burlarnos de la desgracia de otros sino para no cometer sus errores. Si, es cruel que el mundo se burle de Juan Pablo Dávila y la forma en la que perdió 0,5% del PIB de Chile al confundir un botón ("vender" en lugar de "comprar"). Pero supongo que es una buena forma de ser consientes de que ningún procedimiento es tan pequeño como para no merecer nuestra total atención.

Finalmente, me encantan los premios que dan a los homeópatas, "respiradianos", cienciólogos y demás excentricidades que brotan de vez en cuando por ahí. En este caso, el premio es la máxima falta de respeto. Es decirle al que cree que las "goticas" homeopáticas funcionan que su medicina de cabecera es igual de relevante que una descripción de los envases que usan los pacientes para llevar sus muestras de orina al médico. Ahora, no es que esta afrenta me parezca cruel o despiadada. Me parece completamente justa y a lugar. Los creyentes no van a dejar de creer. Los estafadores no van dejar de estafar. Y los que pensamos que todo es una gran telaraña de mentiras nos reímos un rato.

Por lo anterior mi blog se siente feliz de existir. No será el próximo nobel de literatura, pero no le importa ya que lo sabe... por eso mi blog es tan divertido de escribir, así nadie lo haya de leer.

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